¿Sos un pato Kasher?


**Matot-Masei**


Una de las causas de angustia y ansiedad es la inseguridad en cuanto a dónde uno debería estar.

¿Debería quedarme en mi lugar o salir de mi lugar y avanzar hacia adelante?

¿Debo conformarme con mi situación o nunca conformarme? ¿Cuál de las dos opciones es mejor: la ambición o el conformismo?

¿Es suficiente lo que tengo? ¿Es suficiente lo que hago? ¿Puedo descansar sin culpa?

Encontramos una respuesta interesante implícita en el conjunto de nombres de las lecturas de esta semana, Matot-Masei [1] . Por consideraciones de calendario leemos esta semana dos lecturas, la primera, Matot, que quiere decir “tribus” y la segunda, Masei, que quiere decir “viajes”. La primera abre con Moshé dirigiéndose a Rashei Hamatot, los jefes de las tribus y la segunda lectura abre con un raconto de los cuarenta y dos viajes que el pueblo judío realizó durante sus cuarenta años en el desierto, rumbo a la Tierra Prometida.

Independientemente de los contenidos de las dos lecturas, el contraste de los dos nombres de las mismas es de por sí llamativo e instructivo.

Hay dos términos que la Torá utiliza para referirse a una tribu: Maté (pl. Matot) y Shévet (pl. Shevatim). Ambas palabras quieren decir también “rama”, con la diferencia de que Shévet implica una rama conectada al árbol o recién cortada y todavía flexible, mientras que Maté denota una rama desconectada del árbol, dura y seca.

¿No parecería algo incongruente, entonces, la yuxtaposición entre un nombre que denota sequedad e inmovilidad y otro que denota todo lo contrario: movimiento constante?

Aquí yace la clave para descifrar la pregunta que hicimos al principio. No hay contradicción entre estabilidad y movimiento; todo lo contrario: uno depende del otro. La estabilidad no se debe confundir con estancamiento y el progreso nada tiene que ver con la inestabilidad. Más bien, es la estabilidad la que permite el verdadero crecimiento, a diferencia del movimiento continuo y la indefinición que no permiten ni la estabilidad ni el crecimiento.

Este aparente “conflicto” surge muy a menudo cuando uno cree que debe elegir entre nuestros valores milenarios y los valores cambiantes del mundo moderno y más avanzado. Muchos ven en esto un conflicto entre el estancamiento y el progreso: “¿Me aferro a las tradiciones del pasado o me adhiero a los códigos modernos del presente y futuro?”

¿Será tan así? Mantenernos fieles a nuestras tradiciones milenarias nos impide crecer, progresar y avanzar? ¿Tengo que desvincularme de mi pasado para ingresar al futuro?

El nombre compuesto de la lectura de esta semana nos da otra perspectiva: las dos cosas se complementan y hasta son interdependientes. El verdadero progreso es posible únicamente cuando uno tiene una base fuerte. El que no tiene una base fuerte no progresa; flota. Tendrá la sensación de movimiento, pero en realidad puede estar estancado. Son las corrientes que lo llevan. Tendrá la sensación de movimiento, pero es el resultado de lo que pasa fuera de él y no de lo que él o ella genera.

Hay una halajá [2] interesante que viene a la mente para ilustrar este concepto.

Para que la carne de un animal sea Kasher o apto para el consumo, debe venir de determinadas especies y antes y después de sacrificarlo hay que asegurarse de que el animal sea sano.

Hay muchos criterios halájicos que definen si el animal es suficientemente sano o no. Uno de los criterios se aplica en el caso de que el animal haya caído de una altura determinada. En ese caso nos preocupa el hecho de que quizás la caída lo haya afectado a tal punto que ya no sea viable, o sea no puede vivir doce meses y como consecuencia de ello no sería Kasher. En el caso de un cuadrúpedo o un pollo, hay que ver si puede caminar determinada distancia sin mayor dificultad. En el caso de un pato hay también otro sistema de verificación. Se lo coloca en un río. Si nada contra corriente, quiere decir que está sano y es Kasher. También es Kasher si nada con la corriente pero se adelanta a un palillo puesto a su lado. Esto quiere decir que no se está moviendo por fuerza externa, sino por fuerza propia.

La verdadera señal de progreso es cuando uno puede avanzar sobre tierra firme. Movimiento por las corrientes externas es más bien síntoma de inmovilidad y estancamiento personal.

No es lo mismo estar “cerrado” que estar “definido”. Tener una definición clara de las cosas permite que uno escuche a otros sin miedo. El que no tiene una postura definida, muy a menudo termina adoptando una postura cerrada como mecanismo de defensa ante la vulnerabilidad por su indefinición.

He visto muchas veces como —paradójicamente— gente “pluralista”, con mente “abierta” no está dispuesta a escuchar mientras que la gente “ortodoxa” y “cerrada” no tiene ningún problema en escuchar y entender al otro.

Así que la herramienta de la semana es: hay que trabajar en dos áreas: 1) fortificar la conexión con nuestra esencia y 2) trabajar para expresar lo novedoso y particular que cada uno de nosotros poseemos y podemos aportar.

P. D. Luego de escribir estas líneas experimenté algo que sirve para ilustrar el concepto. Entré al auto para ir a visitar a un amigo. La batería de mi smartphone tenía poca carga y lo enchufé al cargador del auto para prender el GPS. ¡Qué horror! ¡El cable no funcionaba! Menos mal que tenía otro y pude seguir el viaje. ¿Se dan cuenta? Para poder progresar hace falta estar bien conectado.



————————— 1. Números, 30:2-36:13 2. Shulján Aruj, Ioré Deá, 58:7