Entre el dolor y el sufrimiento


**Behar-Bejukotai**


La vida cotidiana está llena de desafíos y desilusiones. Esto no depende de nosotros. Lo que sí depende de nosotros es la manera en que procesamos las experiencias dolorosas. ¿Sabemos limitar su impacto o le damos más lugar de lo que merecen por sí mismas?


En la segunda mitad de la lectura compuesta de esta semana, Behar-Bejukotai [1], leemos sobre la maldiciones divinas en el caso que no sigamos Sus mandatos [2]. Tan gráficas son las maldiciones que se acostumbra no llamar a nadie a subir a la Torá para su lectura, sino que el Baal Koré mismo sube a leer esa parte, para que no parezca que van dirigidas hacia alguien en específico.


Cabe reflexionar: ¿Serán las maldiciones mencionadas castigos o consecuencias naturales de nuestro comportamiento desequilibrado? De hecho, ¿cuál de las dos opciones preferirías? ¿Preferís sufrimiento que viene como consecuencia natural de tus decisiones o como castigo Divino?


Hay una historia con una enseñanza profunda que quiero compartir con respecto a este tema.


Rabí Schneur Zalman, fundador de Jabad, conocido como el Alter Rebe, era quien leía la Torá cada Shabat en la lectura pública de su sinagoga. Cierto año, estaba de viaje y subió a leer la Torá uno de los integrantes de la comunidad. Era una de las dos Shabatot en las cuales se leen las maldiciones. En medio de la lectura, hubo una conmoción: el hijo del Alter Rebe, Rabí Dov Ber, había desmayado. Al reanimarlo le preguntaron qué era lo que lo había afectado tanto. “No pude aguantar escuchar semejantes maldiciones,” dijo.


“Pero, ¿acaso es la primera vez que las escuchas? ¡Las escuchas todos los años!”


“Si bien es cierto que es un lectura anual, pero cuando las escucho de papá, no escucho maldiciones,” aclaró.


¿Cómo se entiende esto?


Quizás podemos entenderlo por medio de la distinción entre dolor y sufrimiento. Dolor es algo objetivo; el sufrimiento es producto de la percepción.


Cuando nos tocaba llevar a los hijos a vacunarse no era un momento festivo, que digamos. Uno de nuestros hijos tenía un gran miedo a la vacuna y no había manera de convencerlo ni sobornarlo para que acceda a la vacuna. Luego de una hora de intentos lo agarré entre brazos y la enfermera lo vacunó. Me sentí muy mal de la manera “traumática” de resolver el tema y le pedí disculpas a mi hijo. “No te preocupes, Tati,” dijo. “Yo sé que la vacuna es necesaria y era la única manera de lograrlo”.


¿Se imagina cómo hubiera reaccionado frente a un extraño que lo agarraba y le daba el mismo pinchazo? Y ni hablar si el pinchazo no era de una vacuna...


Viniendo de papá es diferente.


Pensándolo bien, no sé a quién le dolió más, a mi hijo o a mi, y quién sufrió más. Sea, como fuere los dos nos beneficiamos de una manera que hubiera sido imposible sin ese momento desagradable.


Así que la herramienta de esta semana es:


Al concientizarte del hecho de que todo viene de “Papá”, de nuestro Padre Celestial, entonces, aunque duela —y mucho— no sufrirás tanto. Entenderás que en última instancia —aunque no entiendas cómo— es todo para tu beneficio.


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1. Levítico, 25:1 - 27:34

2. Ibid, 26:14 en adelante.