Mi experiencia con el Mundial
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Rabino Eliezer Shemtov
El domingo pasado, después de que se definiera la final del Mundial 2026, llamé a un amigo argentino para ver cómo estaba.
Me dijo que estaba devastado.
“¡¿Por qué Di-s hizo esto?!”, preguntó.
Le respondí: “No soy el contador de Di-s, y ciertamente no soy su abogado. No sé por qué Di-s hace lo que hace, ni por qué deja de hacer lo que deja de hacer. Pero no creo que la pregunta más importante sea ¿Por qué pasó esto? Creo que la pregunta más importante es ¿Y ahora qué? ¿Qué podemos aprender de esto?”
Me preguntó cuál era, a mi juicio, la lección.
Entonces le pregunté si conocía la historia de Jonás.
“Claro”, me dijo. “El pez se tragó a Jonás.”
“Sí”, le respondí, “pero esa es solo una parte de la historia.”
Después de que Jonás saliera de Nínive, luego de comunicar la profecía con la que Di-s le había cargado, se sentó fuera de la ciudad para ver qué sucederá en la ciudad como consecuencia de su profecía. Di-s hizo crecer una planta alta para darle sombra, y Jonás se alegró mucho. Pero al día siguiente Di-s envió un gusano que dañó la planta, y ésta se secó. Al salir el sol, el calor pegó con mucha fuerza y se desmayó. Jonás quedó profundamente afligido.
Entonces Di-s le preguntó:
“¿Tanto te duele la pérdida de esa planta?”
Y Jonás respondió:
“¡Sí! Estoy profundamente afligido, incluso hasta la muerte.”
Entonces Di-s dijo: “Te afliges por una planta que no plantaste ni cultivaste. Apareció de la noche a la mañana y desapareció con la misma rapidez, y sin embargo te afecta profundamente su pérdida. ¿Y cómo no habría de preocuparme por la gran ciudad de Nínive, con sus cientos de miles de habitantes?”
Esta historia nos invita a reflexionar sobre aquello que realmente merece nuestra preocupación.
Y aquí es donde volvemos al Mundial.
Es perfectamente comprensible sentirse decepcionado porque Argentina perdió. El deporte despierta emociones intensas, y eso es parte de lo que lo hace tan atractivo. Tu tristeza es señal de tu sensibilidad. La sensibilidad es una característica humana muy importante, le dije.
Pero una vez que la decepción comienza a desvanecerse, pregúntate: ¿Qué más merece este nivel de preocupación?
Fíjate que tú no pudiste causar la victoria, ni causaste la derrota. Sin embargo, el resultado que no dependía de ti te afectó profundamente.
Quizás esa energía emocional debería redirigirse hacia otro tipo de competencia—una en la que tus acciones sí importen, una en la que puedas influir genuinamente en el resultado.
¿De qué competencia se trata?
Aquí es donde entra una enseñanza de Maimónides que nos ayuda a entender mejor esa idea.
Maimónides nos enseña a vernos a nosotros mismos y al mundo en general como perfectamente equilibrados entre mérito y culpa. Una sola buena acción, una palabra amable, incluso un pensamiento positivo puede inclinar ese equilibrio para bien—no solo para ti, sino para todo el mundo.
Con frecuencia pensamos:
“¿Qué impacto puede tener lo que yo haga, diga o piense en la privacidad de mi vida? Soy apenas una persona entre ocho mil millones.”
Maimónides nos invita a pensar de otra manera.
Imagina una balanza con cuatro mil millones de personas de un lado y cuatro mil millones del otro. Está perfectamente equilibrada. Ahora imagina que tú decides a cuál de los dos platos sumarte.
Tu decisión inclinará toda la balanza. Te convertirás en el factor decisivo.
Si esto suena demasiado abstracto o fantasioso, piensa nuevamente en el Mundial. Todo el torneo terminó definiéndose por la acción de un solo jugador que logró convertir un gol.
La lucha cósmica entre el bien y el mal funciona de manera parecida. Dado el equilibrio perfecto, la conclusión de la historia puede depender de la acción de una sola persona, de la palabra de una sola persona o del pensamiento de una sola persona.
Y esa persona podrías ser tú, con la decisión que tienes entre manos.
Hay una lección más que podemos extraer del Mundial.
Los profetas describen un estado mundial en que al concluir aquella Copa Cósmica, el Mashíaj vendrá e inspirará y elevará a toda la humanidad. ¿Será tan así? ¿Cómo hará el Mashíaj para inspirar al mundo entero?
Volvamos al Mundial.
Miles de millones de personas centraron su atención en un solo individuo: el capitán de Argentina, Lionel Messi.
Así como el domingo pasado el mundo pudo concentrar su atención y verse inspirado por un gran deportista, con más razón será así cuando llegará el día en que toda la humanidad dirigirá su mirada hacia un líder, el Mashíaj, que la unirá, no alrededor de un partido de fútbol, sino alrededor del bien, la justicia, la paz y el conocimiento de Di-s.
Da la “causalidad” que “Messi” suena a “Mesías”, salvando las distancias. Esa coincidencia sirve para señalar y reforzar aún más el tema del que estamos hablando.
Y mientras esperamos que ese día llegue, cada uno de nosotros tiene un papel que jugar. No necesitamos esperar a un estadio lleno ni a una final para marcar la diferencia. Cada decisión, cada palabra y cada acto son oportunidades que pueden definir el resultado final de miles de años de esfuerzo. Tal vez no podamos decidir quién gana un Mundial, pero sí podemos decidir qué tipo de mundo ayudamos a construir.
¡Dejemos todo en la cancha!



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