Jugar al “solitario”



Sherlock Holmes y Dr. Watson salieron a hacer camping. Tendieron la carpa debajo de las estrellas y se acostaron a dormir. Cerca de medianoche Holmes despierta a Watson y le dice: Watson, mira las estrellas y decime qué deducís.


Contesta Watson: Veo millones y millones de estrellas. Habiendo tantas estrellas, aún si tan solo algunas tienen planetas es probable que hayan planetas iguales al planeta tierra. Y si hay algunos como la nuestra, puede ser que haya vida.


Dice Holmes: ¡Watson! Si vemos las estrellas quiere decir que alguien nos robó la carpa mientras dormíamos.


Si bien esta anécdota gozó en cierto momento del prestigio de ser votado el chiste más cómico del mundo, contiene una enseñanza muy importante en general y para nosotros hoy en día en particular.


Estamos todos —en menor o mayor grado— sufriendo el impacto de dos epidemias: Covid-19 y el resurgimiento del antisemitismo.


En algo se parecen.


Tanto Covid-19 como el antisemitismo provocan aislamiento que lleva a la soledad que a su vez provoca ansiedad.


Quiero analizar aquí algunos aspectos que quizás pasamos por alto y pueden resultarnos útiles.


La soledad puede doler y mucho; ni hablar cuando es el resultado del rechazo, la discriminación y la marginación.


Pero contiene también un aspecto positivo: nos obliga a enfrentar la realidad. Si bien antes de la pandemia uno podía salir y conectarse con la gente, muy a menudo era nada más que la sensación de conexión, una ilusión que distraía y tapaba la soledad subyacente. La soledad era una condición preexistente y la pandemia no hizo más que ponerla de relieve.


Lo mismo ocurre con el nuevo rebrote del antisemitismo. Las actitudes no son nuevas; nada más que se está destapando una condición preexistente subyacente. Y esto es una suerte de bendición. La maldición sería estar solo o marginado y no darse cuenta de ello. Cuando uno se da cuenta que está solo puede evaluar sus causas e implicancias y qué le corresponde hacer al respecto.


La Torá nos cuenta cómo Balaam el hechicero, arquienemigo del pueblo judío en los albores de nuestra historia, fue contratado para maldecirnos. Al abrir la boca salieron las bendiciones más elevadas, llenas de halagos sobre el pueblo judío de aquel entonces y profecías sobre el destino bendecido del pueblo judío y la eventual derrota de sus enemigos.


En una de sus declaraciones dice: “He aquí un pueblo que mora solo y no es tomado en cuenta entre las naciones.” [1].


No es nada nuevo que las naciones del mundo nos ven como ‘diferentes’.


En el año 1972, el entonces embajador de Israel ante los EEUU, Itzjak Rabin, que en paz descanse, vino a visitar al Rebe de Lubavitch para entregarle un saludo de parte del Presidente de Israel Sr. Zalman Shazar y del gobierno de Israel en ocasión de su 70avo cumpleaños. [2].


Uno de los temas sobre el cual conversaron en dicho encuentro fue el significado del versículo bíblico citado. ¿Era esa soledad histórica resultado de nuestra elección o consecuencia de la preferencia de las demás naciones? ¿Es que nosotros queremos mantenernos aparte o son las demás naciones las que nos quieren apartar?


La visión que el Rebe expresó fue que se debe a ambas. A lo largo de la historia el pueblo judío hizo grandes esfuerzos y sacrificios para mantenerse y no perder su identidad por medio de la asimilación. Nuestros enemigos se encargaron por sus motivos de hacernos recordar que somos diferentes. Lo que nos mantuvo fuerte siempre fue el compromiso inquebrantable para con Di-s, Su Tora y Sus Mitzvot, la fe judía y la tradición judía.


Uno podría pensar que considerarse diferente a los demás es una actitud algo soberbia. Es gracias al rebrote antisemita en las redes sociales que vi una vez más que no somos los únicos que pensamos así. Nuestros enemigos también así lo creen.


Escondido detrás de una pantalla uno se anima a decir lo que realmente cree, piensa y siente, especialmente cuando se siente protegido por el anonimato. Hay quienes se animan a expresarse por las redes inclusive con nombre y apellido lo que nunca dirían cara a cara. Y cada vez hay más que se animan a expresarse así también cara a cara, sin tapujos. Y lo que sale no es lindo. Para nada.


Pero la virulencia y la burla con la que se expresan, si bien duele, sirve también para reafirmar lo que sabemos pero a veces queremos olvidar: somos un pueblo aparte. Nos critican y nos odian por un comportamiento cuyos desperfectos no se pueden ni comparar con las acciones premeditadas de otras naciones, cuyas atrocidades no despiertan ni un comentario de protesta.


¿En qué nos ayuda saber esto?


Es importante que nosotros sepamos en qué nos consideramos diferentes y no dejar que los otros nos definan.


El propio nacimiento del pueblo judío, su razón de ser e historia giran en torno al pacto con el mismo Creador del Universo. Nuestro mensaje al mundo como pueblo y como integrantes del pueblo de Israel es que fuimos todos, cada ser humano, creados a imagen y semejanza de Di-s. Que nuestra razón de ser es servirlo, cumplir cada uno el propósito específico para el cual ha sido creado dentro de la meta mancomunada de lograr una sociedad guiada por justicia, bondad y divinidad.


Rosh Hashaná es el aniversario de la primera vez que hubo un ser creado consciente de su Creador y del privilegio de entrar en un vínculo con él. El resto es historia.


Con deseos por una Shaná Tová umetuká. Que este año 5782, año sabático, que se inicia sea un año bendecido con salud, bondad y alegría, año en el cual veremos realizadas las profecías milenarias sobre la culminación del proceso iniciado en su creación, con la llegada del Mashíaj.


Publicado originalmente como editorial de la revista Késher No. 76, editada por Jabad Uruguay. Montevideo, Uruguay, Primavera, 2021

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1. Números 23:9

2. Vea más sobre dicha visita aquí: shorturl.at/grsAP