Por qué festejo Pésaj



Una de las festividades judías que más se celebra es, sin duda, Pésaj.


Hace 3.334 años que los que salieron de Egipto y sus descendientes celebran dicho acontecimiento alrededor de la mesa del Séder, comiendo Matzá y Maror, tomando vino, leyendo y cantando pasajes de la Hagadá que narran la historia y su significado.


La fecha es celebrada con más o menos rigor religiosa. Hay quienes ven en la Matzá nada más que algo cultural y simbólico. Representa la comida que comieron los israelitas al escaparse de Egipto con prisa. No hubo suficiente tiempo como para que leude la masa que llevaban sobre sus hombros. De hecho, así está escrito en la propia Biblia.


Hay quienes se reúnen alrededor de la mesa del Séder simplemente como un pretexto para reunir a la familia, ponerse al día con las internas de la familia e intercambiar recetas y anécdotas.


Hay quienes ven en el Séder la celebración de la libertad humana, más allá de lo particularmente judío.


Me imagino que hay tantas maneras de entender y celebrar el Séder de Pésaj como hay personas que lo celebran…


Compartiré aquí mi versión personal.


El hombre es un compuesto de cuerpo y alma, de lastre y flotabilidad. El ciclo del tiempo se divide entre fechas y momentos en las que uno se carga de combustible y otras en las que la gasta. En las vacaciones uno se carga de fuerza para poder trabajar hasta el próximo descanso. Durante el año uno genera dinero para tener lo que gastar en sus vacaciones…


Una estación de servicio sirve para cargar distintas necesidades. Nafta, agua, aceite, aire. Lo mismo ocurre a nivel espiritual. Nuestro calendario tiene fechas determinadas para cargar las diversas provisiones necesarias para poder transitar el camino de la vida. En Pésaj nos cargamos de la energía de libertad. Para que uno pueda cumplir con su misión de la vida, debe ser libre. En Pésaj no solo recordamos el hecho de que en algún momento hace miles de años nuestros antepasados se liberaron de la tiranía del faraón, sino que tratamos de lograr liberarnos a nosotros mismos de un tirano aun más grande y cruel que aquel: nosotros mismos.


Nosotros tenemos la capacidad y naturaleza de flagelar y esclavizarnos como no lo puede hacernos nadie. Son muchas las causas: orgullo, pereza, envidia, para nombrar solo algunos. En la noche del Séder nos concentramos en nuestro propio “Egipto” y “Faraón” internos, los evaluamos y trabajamos para liberarnos de sus tentáculos.


¿Cuáles son las herramientas más eficaces para lograr la libertad anhelada? Las principales entre ellas: la Matzá, el Maror y las cuatro copas de vino.


Matzá: la matzá, confeccionada de harina y agua de tal manera que no llega a leudarse, a diferencia del pan común que sí se expande, representa la humildad. La verdadera libertad personal se logra al liberarnos del ego en vez de expandirlo. El que se aferra a su ego, a menudo basando hechos en sus opiniones, nunca se liberará de sus limitaciones. No reconocerá sus faltas, atribuirá la culpa a terceros o dirá que no importa. ¿Resultado? De Guatemala a Guatapeor.


El primer paso necesario para poder liberarse es reconocer los límites personales y estar dispuesto a superarlos.


El Maror, las hierbas amargas que comemos en el Séder, representan el dolor que el exilio provoca. No viene a disminuir nuestra alegría, sino a posibilitarla. El dolor es un paso muy necesario en el proceso de la auto liberación, ya que si uno nos se siente incomodo en su situación, no hará nada para mejorarla.


La Matzá, que no contiene nada para agregarle gusto a la harina y el agua, además de representar la humildad, también representa la disciplina. Para que uno pueda superarse debe estar dispuesto a cumplir con los pasos necesarios por disciplina, aunque no le provoque ningún placer y hasta le resulte muy difícil.


Pero es nada más que el primer paso. No alcanza con hacer las cosas únicamente por disciplina. Hace falta las “copas de vino”, hace falta disfrutar del gusto variado y sofisticado como los del vino.


Cuando Di-s les ofreció la Torá al pueblo judío dijeron Naasé venishmá, cumpliremos y entenderemos. Hacen falta las dos cosas y en ese orden: Naasé, cumplir por disciplina y Nishmá, apreciar y disfrutar…


Pésaj es también la festividad de las conexiones. Por medio de todos los preceptos y las tradiciones vinculados a Pésaj logramos conectarnos con Di-s, con la familia. con el prójimo, con nuestro pasado, nuestro futuro y con las esencia de nosotros mismos. En Pésaj nos conectamos con nuestra Neshamá —Alma Divina— la activamos y la liberamos, aunque sea por un rato, con la esperanza de que siga inspirándonos mucho después de que hemos finalizado el programa oficial del Séder.


A título personal, todos los preparativos para Pésaj en aras de servir a la comunidad, pasando por la importación de Matzá Shmurá, la preparación y distribución de la Guía de Pésaj y la revista Késher que llega a miles de hogares, promocionar y procesar la venta de Jametz, y organizar tantos detalles más para facilitar y motivar la celebración de Pésaj a nivel comunitario, familiar y personal, culminando con la presencia de nuestros queridos hijos y nietos en la mesa del Séder, sirven para aumentar aún más la presencia e impacto en mi vida de dichas fechas sagradas.


Cada año logro, en mayor o menor medida, salir de mi propio Egipto y ayudar a otros a salir de los suyos. Y cada año hay más que hacen lo mismo que yo en sus comunidades. Estoy seguro que cada vez estamos más cerca de aquel día en el cual lograremos la masa crítica necesaria para salir todos no solo físicamente sino también espiritual y realmente del exilio en el cual nos encontramos.


Cada día que pasa y el Mashíaj no llegó significa un día menos que falta para que llegue.


¡Leshaná habaá birushalaim!