Tres grandes desafíos en la educación judía


**Emor**


¿Cuántos psicólogos se precisan para cambiar una bombita?


Alcanza con uno pero la bombita tiene que estar dispuesta a cambiarse.

Es muy difícil comunicarse con alguien que pone resistencias a lo que quieres transmitirle. Uno puede transmitir ideas a uno que le interesa saber y escuchar. Muy difícil lograrlo si uno no quiere escuchar.


Lo mismo sucede con uno mismo. Antes de frustrarte por no entender algo que tiene que ver con tu desarrollo espiritual, fijate si realmente quieres entenderlo y en el caso de que descubras que no quieres, al entender la raíz de la resistencia será más fácil superarlo.


En los comentarios referente al primer versículo de la lectura de esta semana, Emor [1], encontramos la identificación de tres condiciones que atentan contra la buena disposición para querer entender algo.


La lectura de esta semana abre con la comunicación de Di-s a Moisés diciéndole: “Di a los sacerdotes, hijos de Aharón, y les dirás que no deben impurificarse por medio del contacto con un cadáver de su pueblo.”


La pregunta es ¿por qué la redundancia de “Di.. les dirás”?


El comentarista Rashi cita la explicación del Talmud [2]: “Es para advertir a los grandes por [la conducta de] los chicos.” O sea, la advertencia a los sacerdotes no era únicamente en cuanto a su conducta personal vis-a-vis el cuidado de no impurificarse sino también en cuanto a su responsabilidad para con la educación y la conducta de sus hijos menores.

De hecho, encontramos esa advertencia bíblica —de que los grandes son responsables por la conducta de los chicos— en dos casos más: la prohibición de consumir sangre y la prohibición de consumir insectos.


¿Por qué era necesario enfatizar la responsabilidad de los grandes para con los chicos justamente en dichos tres temas?


El Rebe —que su mérito nos proteja— explica que estos tres casos representan tres tipos de resistencia del educando que pueden desanimar al educador y desalentarlo en cuanto a las chances de éxito que puede tener en influir en la conducta de su alumno: 1) la adicción; 2) la rebeldía hacia la autoridad; 3) la abstracción de los valores en cuestión.

Nuestros sabios señalan [3] que en tiempos bíblicos la gente estaba muy acostumbrada a consumir sangre. Cuando uno está muy acostumbrado a cierto estilo de vida es difícil escuchar sobre algo que lo puede llegar a desafiar o apartar de él.

El que come un insecto es generalmente un acto de rebeldía [4], ya que a la gente naturalmente le da asco consumirlo. ¿Qué se le puede decir a un rebelde? Cuánto más le decis, tanto más oportunidades le darás para rebelarse; ¡estarás alimentando su incendio!

Todas las normas de pureza e impureza ritual que los Kohanim (sacerdotes) deben cuidar no son racionales [5]. Son criterios que no tienen ninguna fundamentación racional; son leyes divinas, supranacionales. ¿Cómo se hace, entonces, para educar a un ser racional —cuya educación puede que haya sido en un sistema de educación totalmente laico— en temas de pureza e impureza ritual, leyes divinas que trascienden la razón? Y más aún, para muchos es muy incómodo distinguirse de la sociedad que nos rodea por medio de rituales y conductas inexplicables racionalmente.


Es por eso que la Torá enfatiza en estos tres casos que los grandes —tanto en años como en sabiduría— no se desanimen por lo difícil que parezca la tarea educativa. Cada uno tiene el potencial de superar dichas barreras al acceder a la esencia de su alma.

El verbo que utilizan los sabios para denotar “advertir” —Lehazhir— también se puede entender como “hacer brillar”, de la misma raíz que la de palabra Zohar. La idea es que los grandes tiene el deber no solo de advertir, de imponer las normas de conducta, sino de iluminar, de exponerlas de tal manera que el alumno quiera incorporarlas en su vida para su propio beneficio, para que él mismo, su alma y esencia brillen y hagan brillar.

Lo mismo es aplicable también a uno mismo en cuanto a su propia educación y desarrollo espiritual. Muchas veces nos podemos desanimar por nuestra condición espiritual estancada y no ver salida. “Estoy demasiado dependiente de tal o cual conducta indebida”, “no me gusta someter a la autoridad y la disciplina”, “no puedo aceptar ideas y normas que no puedo entender o explicar”, son algunas de las excusas. La enseñanza de la lectura de esta semana es que no hay que desanimarse. Tenemos la orden divina —y con ella la promesa y empoderamiento— que al poner el esfuerzo de la manera correcta —exponiendo las cosas en vez de imponerlas— lograremos activar la esencia misma del alma, fuente de inspiración y motivación.

Así que la herramienta de esta semana sería: cuando el crecimiento espiritual se ve frustrado por resistencias emocionales, buscá un poco más profundamente y encontrarás la llave para superar o hasta transformarla.

Basado en Likutei Sijot Vol. 2, Pág. 679

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1. Levítico 21:1 - 24:23

2. Ievamot 114a

3. Véase Rashi, Deuteronomio 12:23.

4. Horiot, 11a

5.Maimónides, Mishné Torá, final de las leyes de Mikvaot.