Rosh Hashaná: Día de la corona


Rosh Hashaná es el aniversario de la creación del hombre como también la coronación de Di-s como rey del universo. Lo primero que hizo el hombre al abrir los ojos aquel día de su creación hace 5781 años fue reconocer a su Creador y convocar a toda la creación para que lo acompañen en coronarlo como Rey del universo.


Todos los años volvemos a coronar a Di-s como rey del Universo y Di-s vuelve a prorrogar su contrato con el mundo para mantenerlo en existencia por un año más.


¿En qué es diferente la coronación de este año?


Me vino a la mente la siguiente historia muy conocida:


Una vez, la noche anterior a Iom Kipur, uno de los jasidim del Rabino Elimélej de Lizhensk le pidió a su Rabino que le permitiera ver cómo él, el Rabino Elimélej, cumople la costumbre de kaparot.


"¿Cómo hago kaparot?" repitió el Rabino Elimélej. "¿Cómo haces tú kaparot?"


"Soy un judío simple — hago lo que todos los demás hacen. Tengo el gallo en una mano, el libro de oraciones en la otra, y recito el texto, "Este es mi intercambio, esto está en mi lugar, esta es mi expiación..."


"Eso es exactamente lo que hago yo", dijo el Rabino Elimélej. "Tomo el gallo en una mano, el libro de oraciones en la otra, y recito el texto. En realidad, puede haber una cierta diferencia entre tu kapará y la mía: probablemente te aseguras de usar un gallo blanco, mientras que para mí no hay diferencia: blanco, negro, marrón - un gallo es un gallo..."


Pero el jasid persistió en que las kaparot de su Rebe no era un evento común y corriente. Había estado viniendo a Lizhensk para rezar con el Rabino cada Iom Kipur durante más de veinte años, y siempre había querido observar a su Rabino en este momento tan solemne.


"¿Quieres ver un extraordinario kaparot?" preguntó el Rabino Elimélej. "Ve a observar cómo Moshé, el tabernero, hace kaparot. Allí verás algo mucho más inspirador que mis propios kaparot".


El jasid localizó la taberna de Moshé en un cruce de caminos a varias millas de Lizhensk y pidió pasar la noche. "Lo siento", dijo el tabernero. "Como ves, este es un pequeño establecimiento, y no tenemos habitaciones para alquilar. Hay una posada a una pequeña distancia más adelante en la carretera."


"Por favor", suplicó el jasid, "He estado viajando todo el día, y quiero descansar un poco. No necesito una habitación, sólo me acurrucaré en un rincón durante unas horas y seguiré mi camino."


"Está bien", dijo Moshé. "Cerraremos pronto, y entonces podrás dormir un poco."


Después de mucho gritar, engatusar y amenazar, Moshé logró sacar a su clientela de campesinos borrachos por la puerta. Las sillas y mesas se apilaron en un rincón, y la habitación, que también servía como vivienda del tabernero, se preparó para la noche. La medianoche había pasado hace mucho tiempo, y la hora del kaparot se acercaba. El jasid, envuelto en su manta bajo una mesa, fingió dormir, pero vigiló en la habitación oscura, decidido a no perderse nada.


Antes del amanecer, Moshé se levantó de su cama, se lavó las manos y recitó las bendiciones de la mañana. "¡Hora de kaparot!" llamó en voz baja a su esposa, cuidando de no despertar a su invitado. "Iéntel, por favor, tráeme el cuaderno — está en el estante encima del armario."


Moshé se sentó en un pequeño taburete, encendió una vela, y comenzó a leer del cuaderno, sin darse cuenta de que su invitado "dormido" estaba muy despierto y se esforzaba por escuchar cada palabra. El cuaderno era un diario de todas las fechorías y transgresiones que el tabernero había cometido a lo largo del año, anotando escrupulosamente la fecha, la hora y las circunstancias de cada una. Sus "pecados" eran bastante benignos — una palabra de chismorreo un día, pasar el tiempo de oración en otro, descuidar la entrega de su moneda diaria a la caridad en un tercero — pero cuando Moshé leyó las primeras páginas, su cara estaba bañada en lágrimas. Durante más de una hora Moshé leyó y lloró, hasta que la última página fue dada vuelta.


"Iéntel", llamó a su esposa, "tráeme el segundo cuaderno".


Este también era un diario de todos los problemas y desgracias que le habían ocurrido en el curso del año. Ese día Moshé fue golpeado por una banda de campesinos, ese día su hijo cayó enfermo; una vez, en pleno invierno, la familia se había congelado durante varias noches por falta de leña; otra vez su vaca había muerto, y no había leche hasta que se habían ahorrado suficientes rublos para comprar otra.


Cuando terminó de leer el segundo cuaderno, el tabernero levantó los ojos al cielo y dijo: "Como ves, querido Padre en el Cielo, he pecado contra ti. El año pasado me arrepentí y prometí cumplir Tus mandamientos, pero repetidamente sucumbí a mi mala inclinación. Pero el año pasado también recé y te rogué por un año de salud y prosperidad, y confié en Ti que así sería.


"Querido Padre, hoy es la víspera de Iom Kipur, cuando todos perdonan y son perdonados. Dejemos el pasado atrás. Aceptaré mis problemas como expiación de mis pecados, y Tú, en tu gran misericordia, harás lo mismo."


Moshé tomó los dos cuadernos en sus manos, los levantó, los rodeó tres veces por encima de su cabeza y dijo: "Este es mi intercambio, este es en mi lugar, esta es mi expiación." Luego los arrojó al hogar, donde los carbones ardientes pronto convirtieron en cenizas las páginas manchadas de lágrimas.


Así que este año, amigos, presentémonos Rosh Hashaná para coronar a Di-s como Rey del Universo y aprovechemos para pedirle que, ya que Le estamos entregando Su corona, nos haga el favor de sacarnos la corona que tanto dolor y daño nos ha causado.


¡Shaná tová umetuká!