¿Cuán importante es un pelo?



**Ajarei - Kedoshim**


Un doctor, un contador y un rabino conversan sobre lo que les gustaría oír sobre ellos mismos en su propio funeral.


“Me gustaría que la gente recordara que yo era un hombre de familia que optaba por el bienestar de la familia por sobre todo,” dijo el contador.


“Me gustaría que la gente dijera que dediqué mi vida al bienestar de completos desconocidos,” dijo el doctor.


“Y Ud., Rabino, ¿qué le gustaría escuchar en su funeral?” preguntaron.


“A mí me encantaría escuchar a la gente decir: ‘¡Mirá! Se está moviendo!’”


¿Qué tiene que ver esta anécdota con ansiedad, depresión y la lectura de esta semana [1]?


A veces ayuda pensar en el día después de la vida física de uno para poner las cosas en su verdadera perspectiva.


Esta semana leemos dos lecturas: Ajarei Mot y Kedoshim. Si bien hablan de una amplia variedad de temas, con muchos detalles, la mera yuxtaposición de los nombres de las mismas ya contiene una enseñanza.


Ajarei Mot quiere decir “después de la muerte” y Kedoshim quiere decir “Santos [serán]”. Hay enseñanzas profundas en esa combinación de nombres que ameritan estudiarse. Hay, no obstante, una expresión popular que dice “después de muerto, santo”, o sea que se suele valorar a la gente luego de que ya no están más físicamente con nosotros.


Imaginate si pudiéramos acceder a dicha perspectiva y valoración antes de que mueran. Y no solo en cuanto a otros, sino también —y quizás más importantemente— en cuanto a valorarse uno mismo.


Muchas veces nos molestamos por cosas que han pasado o no han pasado, que hemos logrado o no hemos logrado. Si pensáramos en el valor que tendrán esas cosas después de que ya no estemos más, es muy posible que la perspectiva cambie como también las molestias que ocasionan.


La importancia que uno da a las cosas depende mucho del contexto. ¿Es un pelo poco o mucho? Depende del contexto: encontrarse con un solo pelo en la sopa es mucho; un solo pelo en la cabeza es poco.


Así que antes de angustiarse por las cosas, preguntate: “después que ya no esté más, ¿importará?”


Me imagino que uno puede desafiar lo que acabo de decir planteando: “estoy viviendo ahora; ¿de qué me sirve pensar en cómo serán las cosas cuando no esté si ahora sí estoy? ¿¿Acaso debería vivir mi vida ahora como si estuviera ya muerto??”


La explicación es muy sencilla.


Uno puede pasar por la vida gastándola o invirtiéndola. Cada día que pasa puede ser un día más o un día menos. Depende de uno. Una manera de evaluar si son gastados o invertidos es pensar en qué quedará de ellos después. Si el resultado de su decisión es nada más que un beneficio personal, inmediato y pasajero lo más seguro es que es un gasto; si genera un beneficio que impacta más allá de la coyuntura tan limitada, dejando un beneficio para muchos, en muchas partes por mucho tiempo, es la mejor señal de que se trata de una inversión con un buen retorno.


Así que la herramienta de la semana es: antes de decidir molestarte por algo, asegurate de juzgarlo dentro de su contexto correcto. Puede que no sea tan importante luego de terminarse la película. Como lo expresa el Rabino Manis Friedman: Al final todo sale bien; si algo no está bien es porque todavía no estamos en el final.


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1. Levítico, 16:1-20:27