¿Cómo anda tu leñador y aguatero?

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*Nitzavim-Vaiélej**


Uno de los adversarios más formidables con quien tendrás que lidiar es... tú mismo.


La razón es simple: las ideas y los sentimientos que mejor conoces son los tuyos propios. Y dado que son ideas y preferencias personales, tenderás a darles suma importancia. Si entiendes así o sientes asá es justificación suficiente como para hacer todo lo posible para poder llevar a cabo tus ideas y satisfacer tus deseos.


Sucede a menudo que ocurre todo lo contrario. El o la que fija su plan de vida basándose únicamente en lo que a él o a ella le parece, termina perdiendo oportunidades cuyo valor va mucho más allá de las ideas y sentimientos personales limitados y pasajeros cuyo impacto no perdura en el tiempo.


La comodidad y la familiarización pueden ser los enemigos más grandes de uno y no sus aliados.


En la lectura de esta semana, Nitzavim-Vaiélej [1], Moshé Rabeinu se dirige al pueblo judío diciéndoles que “Uds. están parados todos ante el Señor, vuestro Di-s, las cabezas de sus tribus …. Desde sus leñadores hasta sus aguateros.”


El fundador de Jabad, Rabí Schneur Zalman, conocido también como el Álter Rebe, explica las tareas de cortar leña y extraer agua, además de sus implicancias literales, también como tareas necesarias para el desarrollo personal: La palabra empleada por el texto en referencia a tu leña es “eitzejá” que se puede entender también como tus “eitzot”, ideas y consideraciones personales. El agua a la que hace referencia es el factor “agua” [2] del alma animal, o sea la fuente y motor de los placeres físicos.


El mensaje aquí, dice Rabi Schneur Zalman, es que hay que eliminar las ideas y deseos personales que apuntan principalmente a la satisfacción material. Es recién cuando uno logra neutralizar y extirpar de sí mismo estos dos móviles que podrá estar en condiciones óptimas como para cumplir con su misión de vida, sin el soborno de la comodidad personal.


Uno podría suponer que dicha disciplina es aplicable únicamente a los estudiosos de la Torá, a los que se dedican a una vida espiritual o para tener éxito uno mismo en su búsqueda espiritual. ¿Qué pasa en el área del comercio o profesional, o sea en las áreas “no religiosas” de la vida? ¿No están como para que cada uno haga lo que le parezca y lo que le dé satisfacción personal?


El Rebe —que su mérito nos proteja— señala que la respuesta a esta pregunta está implícita en el comentario de Rashi sobre el versículo.


¿Quienes eran dichos leñadores y aguateros? Rashi explica que eran Cananeos quienes vinieron en la época de Moshé con la intención de que los convirtiera y Moshé los designó para que cumplan las funciones de leñadores y aguateros.


El Rebe explica que el término kenaaní implica también “comerciante”. La implicación aquí es que no solo en cuanto a ocupaciones celestiales y espirituales —”religiosos”— hay que liberarse de intereses personales —ya sean intelectuales o bien emocionales— sino también en cuanto a cuestiones de “comercio”, todas aquellas actividades que tienen que ver con lo físico y lo material, hay que poner a trabajar los “leñadores” y “extractores de agua”, o sea eliminar las ideas y deseos personales, y realizar las actividades con la intención de lograr por medio de ellas iluminar al mundo con la luz de la Torá y del alma divina.


Hay quienes pueden ver en eso una persecución, “no me dejan hacer lo que quiero”, o bien pueden ver en eso una gran oportunidad, “siempre —hasta en las actividades más aparentemente mundanas e insignificantes— tengo la oportunidad de lograr algo de valor infinito y eterno.


Así que la herramienta de esta semana es: si te sentís mal porque entendés que gran parte de tu vida no tiene ningún sentido o valor especial, recordá que depende de ti determinar el rumbo que vas a tomar: trazar el camino según tus ideas y sentimientos personales que no dejan huella o liberarte de ellos y dedicarte a algo infinitamente más grande y valioso.

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1. Deuteronomio, 29:9 - 31:30

2. De acuerdo a las enseñanzas místicas y jasídicas, la naturaleza e instinto de cada uno de nosotros se compone de distintas combinaciones entre los cuatro elementos base: agua, fuego, tierra y aire, Cada elemento busca su expresión por medio de conductas determinadas. El elemento “agua” es el elemento esencial de los placeres. El elemento “fuego” se expresa por medio del enojo y altanería. El elemento “tierra” se expresa por medio de la pereza y la depresión. El elemento “aire” se expresa por medio de la vanidad, la burla, y palabras improductivas.